lunes, 13 de marzo de 2023

¿Todavía no comprendéis?

 

(Rembrandt, Tempestad en el Mar de Galilea, 1633)

El Evangelio de san Marcos nos presenta tres viajes en barca de los discípulos con Jesús. En los tres los discípulos aparecen llenos de angustia y de miedo. Un breve recorrido por los tres podría ayudarnos a hacer un buen examen de conciencia.

En el primer viaje (Mc 4, 35-41) se desata una tormenta en el Mar de Galilea mientras Jesús duerme. Los discípulos le despiertan y sucede el milagro que conocemos. Aquí llama la atención que el texto del Evangelio no dice que los discípulos tenían miedo antes de despertar a Jesús, cosa que todos presuponemos por la amonestación del versículo 40: «¿por qué estáis atemorizados? ¿Aún no tenéis fe?» y, sin embargo, el Evangelista nos provoca cuando dice que, luego del milagro, los discípulos sentían un gran temor y se preguntaban «¿quién es este a quien viento y mar obedecen?»: ¡Jesús les da miedo! Lo desconocido, lo misterioso, en efecto, causa maravilla, sí, pero también terror.

En el segundo viaje (Mc 6, 45-52), Jesús les alcanza a noche cerrada caminando sobre las aguas y, dice el Evangelista: «es un fantasma, y se pusieron a gritar. Todos lo habían visto, en efecto, y se habían asustado» (6, 49-50).

En el tercer viaje (Mc 8, 14-21), los discípulos están angustiados porque les falta pan. Luego de dos multiplicaciones milagrosas, y en presencia de Jesús, su preocupación es la falta de pan. Es aquí cuando Jesús les amonesta con severidad y les pone preguntas dolorosamente incisivas: ¿cuántos panes aquella vez? ¿y esta otra? Y les pregunta con insistencia:¿no recordáis? ¿no entendéis y no comprendéis? ¿no comprendéis todavía?

El verbo utilizado aquí para indicar el comprender es syniemi. Leer las cosas en un idioma desconocido ayuda a enterarse de lo que en la lengua propia es evidente: comprender es tomar (prendere) todo en conjunto (com-): lo mismo que el prefijo griego syn indica el poner una cosa con otra que le corresponde. Los discípulos no son capaces de hacer esta operación. No comprenden. También cuando creen ver a un fantasma el evangelista indica che no habían comprendido. Pero, cosa curiosa, lo que no habían comprendido era «el hecho de los panes» (6,52).

La cuestión es entonces una falta de comprensión, de memoria, de fe. Por eso Dios termina dando miedo: ¿quién es este? Y por eso nuestra falta de pan (de cualquier pan) causa angustia aunque Dios esté con nosotros (despierto o plácidamente dormido en el mecerse de una barca en medio de la tormenta…Jesús tiene también ese don): porque no comprendemos. No logramos tomar los distintos hilos de nuestra historia, es decir, no recordamos. No logramos tampoco mirar unitariamente las circunstancias, no logramos ver a Dios que viene en medio de la tormenta como uno que camina sobre las aguas. El mar arrecia, vamos a ahogarnos y este Jesús a quien sigo y que me ama y que ha multiplicado los panes por ternura, para que la gente no desfallezca, viene caminando sobre el agua como camina uno sobre tierra firme, como si fuese el Creador que se paseaba por el abismo primordial de las aguas del caos. Helo aquí y yo comienzo a gritar. No sé qué me aterroriza más si el agua o aquel ser que no puedo reconocer porque le veo y no le creo, no recuerdo, no com-prendo.

Si la Cuaresma es buen momento para hacer examen de conciencia, este examen puede (¡debe!) incluir un primer momento positivo para servir de algo: recordar lo que Dios ha hecho por mí. Aquél día que nos faltó pan, ¿cuántas canastas sobraron? Aquel día en que sentí que me ahogaba, ¿cómo vino a mi encuentro? ¿qué palabras me dijo? (muchas veces estos encuentros con Dios llevan el rostro de un intermediario, conocido o desconocido...¿quién?).

Seguramente habrá más tormentas pero en medio de las aguas le veré y, aún si de nuevo me confundo y creo que es un fantasma, me dirá, como suele hacer: «¡Ánimo, soy yo! ¡No temas!» (cfr. Mc 6,50)…y, si hago memoria, comprenderé que es Él.


No hay comentarios:

Publicar un comentario